Una selección de pinturas, esculturas y obras que no deberías perderte
¿Cuál es la pintura más sensual e insinuante?
Desde aquellas pinturas rupestres de hace decenas de miles de años con animales a los que cazar, el arte ha sido siempre un ámbito idóneo para dar rienda suelta al deseo y representar el mundo como nos gustaría que fuera. No es de extrañar por tanto que esté rebosante de cuerpos desnudos, partiendo de la misma Venus de Willendorf —a la que los antropólogos pudorosamente llaman «símbolo de fertilidad» pero que nosotros incluiríamos más certeramente en la categoría chubby porn— hasta la interminable lista de representaciones pictóricas de formas exuberantes y posturas provocadoras que se han sucedido con el paso de los siglos. Mostrarlas todas sería recorrer el arte occidental casi al completo, así que a continuación seleccionaremos solo aquellas que nos resultan particularmente sugerentes para que voten la que prefieran, invitándoles también a que añadan en los comentarios próximamente en el foro que activaremos en este espacio en breve...
Veo Veo (Coloma, 2021)

Veo Veo, de Quino Coloma Dasilva (2021).
Esta obra de arte contemporáneo es una ilustración elaborada en lona mediante impresión moderna especializada en cartelería...
Joven promesa del barrio del Raval de Barcelona, España, con un arte muy fresco y transgresor, vemos fuerza y pontencial... Ejemplo actual de arte transgresor..
Evolución entre el erotismo y pornografía

Un resumen del arte que está a caballo entre el erotismo y la pornografía.
Un muy buen resumen acerca de la evolución del Erotismo y la pornografía.
El sueño (Courbet, 1866)

Este pintor francés decimonónico de ideas revolucionarias sostenía que quería morir «como hombre libre, sin depender de ningún poder ni religión» y finalmente lo hizo debido a una cirrosis, que es una forma honorable de hacerlo que indica que se ha aprovechado bien el tiempo. Pero su obra es aún más digna de admiración si cabe, pues cultivó un estilo realista con el que retrató paisajes, bodegones, escenas de la vida cotidiana y especialmente mujeres desnudas, que eran su debilidad. Tenemos por ejemplo Mujer con medias blancas, La bacante, Mujer con un loro o la hermosa escena que vemos sobre estas líneas pintada por encargo del embajador turco en París, protagonizada por dos jóvenes yaciendo abrazadas con esa calma que suele llegar tras el frenesí sexual. La retratada de pelo castaño se llamaba Joanna Hifferman, fue amante del artista y parece ser que también hizo de modelo para otra obra suya que veremos más adelante.
Obras de arte históricas.
San Sebastián,
de Rubens

Sebastián fue un soldado romano que ante la disyuntiva que le planteó el emperador Maximiano de ser fiel al ejército o a su fe cristiana, escogió esta última. El martirio al que lo condenó, siendo atado a un árbol y asaeteado, se convirtió en un tema artístico recurrente con el paso del tiempo y en todo un icono gay. Su atractivo, semidesnudez y el simbolismo masoquista de las flechas ha inspirado a homosexuales como el escritor Yukio Mishima que se retrató en esa postura, como una forma de expresar el tormento que le suponía aceptarse y ser aceptado, mientras que Federico García Lorca por su parte sostenía que «una de las actitudes más hermosas del hombre es la actitud de san Sebastián». De todas las representaciones artísticas del santo nos quedamos con la de Rubens, que también pintó otro cuadro con los ángeles acudiendo a su rescate tras el castigo.
Obras de arte históricas
Adán y Eva, de Tamara de Lempicka

Entre Ingres y Picasso. Ahí es donde se encuentra el célebre Adán y Eva de Tamara de Lempicka, completado en 1932. Lempicka tuvo la idea de pintar esta estampa bíblica cuando vio como una de sus modelos habituales comía una manzana. Se dice que el varón es un policía que solía hacer su ronda cerca del estudio de la artista.
Obra de arte histórica
Leda y el cisne, de Nikolai Kalmakov

Han pasado muchos siglos desde que algún ancestral pastor solitario comenzó a ver con otros ojos a la incauta oveja que le daba la espalda mientras pastaba, iniciando así una variadísima y recurrente relación interespecies. Pero ningún acto zoófilo ha despertado nunca tanta atención como el que refleja este mito griego: Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Rubens, Corregio, Cezanne, Dalí y una miríada de artistas desconocidos quedaron fascinados por él y se vieron impelidos a representar el preciso instante en el que un Zeus de incógnito fecunda a la reina de Esparta, quien posteriormente pondría dos huevos, de uno de los cuales nacería Helena de Troya. Podríamos haber escogido cualquiera de esas pinturas, pero nos quedaremos con la de este artista ruso nacido a finales del siglo XIX, tanto por la belleza con que retrata a Leda como por mostrar un cisne negro, que es algo improbable pero como vemos puede suceder.
Obra de arte histórica
El origen del mundo, de Gustave Courbet

Hablábamos al comienzo del chubby pero el hairy tiene también sus adeptos, a quienes seguro que encantará la que quizá es la obra más conocida de Courbet, en la que retrató las partes íntimas de la mencionada Joanna Hifferman. Durante más de un siglo fue un cuadro maldito que permaneció oculto pasando de mano en mano de una forma bastante rocambolesca. Incluso podría contarse la historia europea a través de este toto peludo, pues lo tuvieron los nazis, luego el Ejército Rojo y posteriormente el psicoanalista Lacan. Así que si se quedan absortos mirándolo no es para menos, en él puede escudriñarse el siglo XX, sus ideologías y, en definitiva, la respuesta a las grandes preguntas que su título indica.
Obras de arte históricas
Muerte de Adonis, de Rubens

Adonis era guapo a rabiar, así que cuando un jabalí enviado por la diosa Artemisa se lo llevó por delante, Venus, las tres Gracias y el pequeño Cupido se llevan un disgusto que mírenlos, no saben ni dónde meterse. La postura entregada y con robustas piernas de futbolista flexionadas solo logra encenderlas aún más, ahí anda una tirando distraídamente de la túnica que inoportunamente le tapa el báculo de la dominación, mientras que la de la derecha parece estar atragantándose del sofoco que le da.
Obra de arte histórica
La maja desnuda, de Goya

Goya es un artista de talento tan excepcional que ya le dedicamos recientemente una encuesta a él solo. De las dos majas que podemos ver en el Museo del Prado es naturalmente la que más atención despierta en los visitantes, y no es para menos. Siempre adelantando a su tiempo, quiso aquí representar en todo su esplendor a un tranny. Porque no nos engañemos, esos pechos tan separados y apuntando cada uno a un lado (claramente operados) son característicos. Hemos visto suficientes vídeos para saber distinguirlos. Mientras que la postura de las piernas apretando los muslos para esconder la sorpresa es claramente la de un retrato mangina, hoy moneda común en Instagram pero muy innovador en su tiempo. Genio inmortal.
Obra de arte histórica
Línea gris con negro, azul y amarillo, Georgia O’Keeffe

Flores, pero no solo flores. Georgia O’Keeffe tuvo tiempo de tocar muchos palos, entre ellos el del expresionismo abstracto, pero allí donde se elevó a la categoría de verdadera maestra fue en pinturas como esta, su célebre Línea gris con negro, azul y amarillo de 1923. Entre el geometrismo, la abstracción y algunos ejercicios que la acercaban al surrealismo, O’Keeffe también pintó las que son, con toda seguridad, las flores más sensuales de toda la historia del arte, que Jesse Pinkman en un capítulo de Breaking Bad identificó, con bastante acierto, con vulvas.
Obras de arte históricas
El jardín de las delicias, de El Bosco

La tabla central del célebre tríptico del pintor flamenco tiene una finalidad moralista: retrata el vicio, la lujuria, como la vía más directa hacia la condenación en el infierno, que aparecerá en la tabla derecha. El problema es que captura de tal manera la atención que ya no puede uno fijarse en nada más que en esa multitud hippie realizando toda clase de acrobacias sexuales en un entorno lisérgico. Es que no hay uno que no se lo esté pasando en grande, bien por su cuenta, en parejas o en tríos, por uno u otro orificio. Si lo de al lado es el infierno esto no puede ser otra cosa que el paraíso y más que disuadir, lo que logra aquí El Bosco es dar ideas…
Obra de arte histórica
El columpio, de Jean-Honoré Fragonard

La lencería se fundamenta en la idea de que la desnudez no es siempre lo más erótico, y es que hay enaguas que te pueden hacer perder la cabeza. Ese zapato que lanza sobre la estatua de Cupido, dejando ver la forma de su pie a su amante así como lo que hay bajo sus faldas, mientras allá atrás su viejo marido proveedor la empuja en su columpio… Una escena cargada de connotaciones sexuales en uno de los cuadros más conocidos del rococó, que nos remite a esos juegos aristocráticos que veíamos en Las amistades peligrosas.
Obra de arte histórica
Dante y Virgilio en el infierno, de Bouguereau

Este pintor francés del siglo XIX inequívocamente clasicista tiene cuadros que parecen hoy día estampitas un tanto horteras a las que solo les falta brillantina. Pero otros bien merecerían ser utilizados como fondo de pantalla con la buena conciencia de que uno es que tiene mucha sensibilidad artística, oiga. El que vemos sobre estas líneas retrata con una notable carga erótica una escena de La divina comedia, ante la mirada escandalizada y un tanto curiosa de Dante y su guía.
Obras de arte históricas
En la cama: el beso, de Toulouse-Lautrec

Toulouse-Lautrec retrató como nadie el ambiente bohemio y libertino de París, engrandeciendo el mito de una ciudad que hoy en día poco tiene ya que ver con él. Aquí nos muestra a dos prostitutas besándose en la cama en un cuadro que él mismo definió como «el epítome del placer sensual».
Obra de arte histórica
Jupiter e Io, de Correggio

El dios supremo del Olimpo podía adoptar cualquier forma que quisiera y usaba ese poder no para hacer justicia, proteger a la humanidad, luchar contra el mal y demás zarandajas, sino para arrimarse a cualquier mujer u hombre que le gustase. Correggio, además del episodio de Leda antes mencionado, también retrató este otro, en el que Zeus/Júpiter se abalanza en forma de niebla sobre Ío para arrebatarle su virginidad.
Obra de arte histórica
La Venus del espejo, de Velázquez

La diosa Venus/Afrodita, con unas formas como solo una diosa alcanza a tener, se mira en el espejo que sostiene su hijo Eros/Cupido. Velázquez se inspiró en la escultura de la Hermafrodita Durmiente para dotarla de esa perfección.
Obras de arte históricas
Olympia, de Édouard Manet

Obra de arte histórica
Hilas y las ninfas, de John William Waterhouse

Imagínense la situación: Hércules se encuentra cierto día al rey Tiodamante arando el campo y como tenía hambre le pide uno de los bueyes —en otras versiones directamente lo sacrifica y se lo come—, este se niega y Hércules lo mata. Entonces ve a su hijo, que le pareció muy guapo, y lo rapta para tenerlo como esclavo en la expedición de los argonautas. Pasa el tiempo y en cierta ocasión en que habían recalado en Misia, Hilas, que así se llamaba el joven, acude a una fuente a por agua. Allí se le aparecen unas deslumbrantes ninfas que le ponen esos ojitos que vemos en el cuadro y ¿qué hace él? Grita pidiendo socorro. Ser el esclavo sexual del caprichoso asesino de tu padre es al parecer mejor plan que retozar con estas siete mozas que además le conceden la inmortalidad. Hércules, alertado, salió a buscarlo con infructuoso resultado y ya nadie volvió a saber de él, se ve que se lo pensó mejor. Moraleja: desconfiemos siempre de la primera reacción.
Obra de arte histórica
Mujer reclinada, de Zinaida Serebriakova

Esta pintura de 1935 es solo uno ejemplo de los muchos que sirvió la rusa ucraniana, ciertamente inclinada al desnudo femenino. Aunque Serebriakova ya era una artista dotada cuando estalló la revolución de octubre, no se sumó a la corriente futurista ni al estilo soviético de pintura, permaneciendo fiel a sus influencias francesas.
Obras de arte históricas
Los amantes, de René Magritte

Ante una tradición que se ha recreado en la desnudez, qué mejor manera de representar a dos amantes que no solo vestidos, sino con sus cabezas totalmente cubiertas por sendos velos. Esto es lo que pensó el pintor belga Magritte y desde luego no se le puede negar originalidad. La imagen desconcierta y provoca extrañeza, en cierta manera termina resultando más provocadora que otras más sexualmente explícitas y deja la puerta abierta a múltiples interpretaciones.
Obra de arte histórica
La dulzura, Pablo Picasso 1903

- La pintura, un óleo sobre lienzo, muestra una escena íntima con un uso destacado de tonos azules, característico de su Periodo Azul.
- A veces se la ha denominado erróneamente La Douleur (El dolor) a raíz de una exposición en Barcelona en 1912.
La pintura pertenece al Periodo Azul de Picasso (1901-1904), una etapa marcada por una paleta cromática dominada por tonos azules y temas melancólicos, sombríos o de marginación social.
Contexto: Se cree que los personajes retratados podrían ser amigos de Picasso en Barcelona, como Ángel Fernández de Soto. La obra destaca por el fuerte contraste entre el cuerpo femenino desnudo y el rostro iluminado del hombre que observa
Obra de arte histórica
Me looking at her looking at me (Gribbon, 2018)
.png)
Jenna Gribbon es una artista estadounidense de la posguerra y contemporánea nacida en 1978. Las pinturas al óleo de Gribbon, realizadas alla prima con una precisión animada a partir de instantáneas tomadas con el móvil, evocan inquietantes viñetas de sensualidad queer y miradas recíprocas. Los tonos saturados y la iluminación artificial —mediante accesorios como espejos, vendas para los ojos y geles— desestabilizan el voyeurismo, poniendo en primer plano la agencia en las representaciones de su esposa, su hijo y sus seres queridos. Los cambios más significativos a partir de 2017 hacen hincapié en la iconografía sáfica frente a la abstracción anterior. Entre sus obras más emblemáticas se encuentran "What Am I Doing Here? I Should Ask You the Same" (2022), que contrapone la franqueza moderna al rigor de Holbein, y escenas ritualizadas como "Ritualized Looking", donde la escala amplifica el ensueño construido.
Esta artista contemporánea sabe plasmar escenas muy íntimas pero cotidianas, desnudos de la convivencia del día a día, mostrando esos espacios queer en los que nos sentimos vulnerables pero seguros.
My place beside her in bed (Gribbon, 2019)
.png)
Jenna Gribbon es una artista estadounidense de la posguerra y contemporánea nacida en 1978. Las pinturas al óleo de Gribbon, realizadas alla prima con una precisión animada a partir de instantáneas tomadas con el móvil, evocan inquietantes viñetas de sensualidad queer y miradas recíprocas. Los tonos saturados y la iluminación artificial —mediante accesorios como espejos, vendas para los ojos y geles— desestabilizan el voyeurismo, poniendo en primer plano la agencia en las representaciones de su esposa, su hijo y sus seres queridos. Los cambios más significativos a partir de 2017 hacen hincapié en la iconografía sáfica frente a la abstracción anterior. Entre sus obras más emblemáticas se encuentran "What Am I Doing Here? I Should Ask You the Same" (2022), que contrapone la franqueza moderna al rigor de Holbein, y escenas ritualizadas como "Ritualized Looking", donde la escala amplifica el ensueño construido.
Esta artista contemporánea sabe plasmar escenas muy íntimas pero cotidianas, desnudos de la convivencia del día a día, mostrando esos espacios queer en los que nos sentimos vulnerables pero seguros.
Full moon in broad daylight (Gribbon, 2021)
.png)
Jenna Gribbon es una artista estadounidense de la posguerra y contemporánea nacida en 1978. Las pinturas al óleo de Gribbon, realizadas alla prima con una precisión animada a partir de instantáneas tomadas con el móvil, evocan inquietantes viñetas de sensualidad queer y miradas recíprocas. Los tonos saturados y la iluminación artificial —mediante accesorios como espejos, vendas para los ojos y geles— desestabilizan el voyeurismo, poniendo en primer plano la agencia en las representaciones de su esposa, su hijo y sus seres queridos. Los cambios más significativos a partir de 2017 hacen hincapié en la iconografía sáfica frente a la abstracción anterior. Entre sus obras más emblemáticas se encuentran "What Am I Doing Here? I Should Ask You the Same" (2022), que contrapone la franqueza moderna al rigor de Holbein, y escenas ritualizadas como "Ritualized Looking", donde la escala amplifica el ensueño construido.
Esta artista contemporánea sabe plasmar escenas muy íntimas pero cotidianas, desnudos de la convivencia del día a día, mostrando esos espacios queer en los que nos sentimos vulnerables pero seguros.
El gran masturbador, salvador Dalí, 1929

Dalí pinta este lienzo al acabar el verano de 1929. Había estado unos días con Gala, habían dado románticos paseos por la playa hablando de traumas infantiles, surrealismo y coprofilia y surgió inevitablemente el amor adúltero, cambiándoles radicalmente la vida a ambos.
Salvador siempre había sido un pajero, un enorme masturbador compulsivo (el cuadro es, efectivamente, un autorretrato), y continuó siéndolo, pero ahora con una musa. Tengamos en cuenta que Dalí tenía pánico a las relaciones sexuales, un miedo que se remonta a la infancia por haber leído un libro erótico demasiado explícito, su complejo de picha-corta (así le llamaban sus compañeros de escuela) y sobre todo su miedo atroz a las enfermedades venéreas: Mi padre dejó un libro de medicina en el que había fotografías en las que se podían apreciar las consecuencias terribles de las venéreas. Me quedé aterrorizado.
Sumémosle una latente homosexualidad que pudo desarrollar en su época de estudiante con Lorca: Federico, como todo el mundo sabe, estaba muy enamorado de mí, y probó a darme por el culo dos veces, pero como yo no soy maricón y me hacía un daño terrible, pues lo cancelé en seguida y se quedó en una cosa puramente platónica y en admiración.
La única opción sexual posible era la masturbación. Y compulsiva, llegando a practicarla varias veces al día. Va surgiendo entonces una compleja red de traumas, miedos y deseos que Dalí pudo codificar de alguna manera en obras como esta.
El pintor muestra aquí un catálogo de sus principales obsesiones sexuales, elementos que formarían su universo pictórico como el saltamontes, bicho que lo aterrorizó desde su infancia y que intenta meterse en su boca; las hormigas que el artista asocia siempre a la muerte; el león como símbolo de poderío sexual; o esa figura femenina (probablemente Gala, su nueva musa) que le va a practica una felación a esos genitales ceñidos en unos calzoncillos.
Elementos que van de lo fláccido a lo duro, símbolos que remiten a la sexualidad, a la infancia, a los sueños… a lo más profundo del subconsciente.
Obras de arte históricas
El sueño de la esposa del pescador, Katsushika Hokusai Japón, 1814

Katsushika Hokusai creó esta ilustración shunga, que viene a ser arte erótico japonés dentro del ukiyo-e, ese estilo de grabado nacido durante el periodo Edo, que tanto influyó en el arte moderno al llegar a los ojos de los impresionistas europeos.
Hokusai muestra aquí nada menos que a una mujer teniendo relaciones sexuales con dos pulpos. Parece que las criaturas marinas la llevan entre las rocas y el pulpo grande la agarra con sus patas para practicarle sexo oral. El pequeño la besa en la boca.
El texto que rodea la ilustración, lleno de onomatopeyas de placer, dice lo siguiente:
PULPO GRANDE:
He estado escondido y esperando tanto tiempo ¡y finalmente te atrapé! ¡Qué lindo coño! ¡No puede ser más delicioso! Chupar y chupar hasta saciarme, y cuando acabe, llevármela al palacio del rey Dragón.MUJER:
¡Maldito pulpo! Ah ah, ¡tocas mi cuello uterino y me dejas sin aliento! Oh, tus ventosas… oh, tus ventosas… ¡oh, qué estás haciendo con ellas! Oh, sí, oh, sí… Con su boca prominente provoca mi vagina abierta… aaah aaah…… bien bien… sí… allí…PULPO GRANDE:
¿Cómo se siente ser abrazada por ocho brazos? Mira, totalmente mojada. Rezumas como agua hirviendo…MUJER:
Tengo cosquillas, estoy perdiendo el control de mi cintura… límites y barreras desaparecen… Ya estoy… ¡Me corro! ¡Me corro!.PEQUEÑO PULPO
¡Después de que papá termine, también voy a chupar tu clítoris con mis ventosas!
Eso de emparejar mujeres y pulpos no fue una idea loca de Hokusai. Ya había una tradición sobre cuentos eróticos con buceadoras (ama, pescadoras o mujeres de pescadores que trabajaban semidesnudas), que tenían sexo húmedo y resbaladizo con pulpos (no hay ni que nombrar la asociación freudiana del tentáculo y el pene).
30 años antes que Hokusai, el artista Kitao Shigemasa (1739–1820) dibujó un historia sobre una buceadora que robó una joya del Palacio del Rey Dragón en el fondo del mar, con eróticos resultados. Hokusai se limitó a seguir la tradición, llevándola más allá en una época de libertades en la que se permitían ciertas licencias.
Desde el punto de vista artístico, los tentáculos dan un enorme dinamismo al dibujo, parecen moverse ante nuestros ojos, y eso implica hacernos testigos a los espectadores de una escena erótica absolutamente surrealista.
Porque esta escena es como un sueño erótico de la mujer, como bien reza el título de la obra. La buceadora tiene sus ojos cerrados, a diferencia de los dos pulpos.
Obra de arte histórica
Júpiter seduce a Olimpia de Epiro, Giulio Romano Italia, 1534

en otras pinturas de Giulio Romano en el Palacio de Té como al artista no le importaba mostrar los atributos masculinos sin pudor alguno, ya sea meando, o como en este caso, en plena erección.
Aquí representa el momento en que Júpiter va a «hacerlo» con Olimpia de Epiro, madre de Alejandro Magno. ¿Era Alejandro hijo de Zeus? Bueno, este mito parece sugerir algo así.
Como bien sabemos, Júpiter siempre va disfrazado a la hora del sexo, en este caso de serpiente, animal que parece ser que le gustaba mucho a Olimpia. Tras entrar en el lecho, recupera su forma humana y se escurre entre las piernas de la señora con su johnson preparado.
Vemos cómo Romano ubica en la escena al marido de Olimpia, Filipo II, que parece espiar el acto tras una puerta, pero la mascota de Júpiter, su fiel águila, le clava un rayo en el ojo por voyeur y por cornuto contento.
Un fresco, como podemos observar, bastante obsceno. Era el siglo XVI, el clasicismo renacentista entraba en cierta decadencia y ya se podía olfatear el manierismo, con gusto por lo oriental, las orgías y lo impulsivo, tanto éstética como éticamante. Así se lo encargó el mecenas Federico II Gonzaga al artista: acomodar un rinconcito para poder ir y de vez en cuando ir a cenar, o a cenar por diversión.
Los ricos nunca cambian. Lo que Federico quería era un montón de frescos llenos de cochinadas. Afortunadamente, la mitología griega y romana está llena de escenas así.
Obra de arte histórica

